lunes, 20 de junio de 2011

Vida Breve




Lectura: Salmo 90.

"Los días de nuestra edad son setenta años; […] con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos" Salmo 90:10

El 19 de octubre de 2008 escuché la noticia de que Levi Stubbs, el cantante principal del grupo vocal The Four Tops, de Motown, había muerto a los 72 años de edad. Cuando yo era muchacho, me encantaba este grupo; en especial, la voz apasionante y llena de emoción de Stubbs. Nunca me había encontrado con él ni escuchado un concierto del grupo, pero su muerte me afectó de una manera inesperada.

Creo que, detrás de mi tristeza, estaba la idea de que yo también me estoy volviendo viejo. La muerte de alguien a quien escuchaba cuando yo era joven me recordó que el tiempo no está pasando… ¡se está terminando!

En el único salmo que se le atribuye a Moisés, él escribe: «Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos» (Salmo 90:10). Estas no son palabras que nos guste escuchar. Queremos permanecer siempre jóvenes, pero la Escritura nos recuerda que los años pasan y que la muerte un día llegará.

Esto nos enfrenta a dos preguntas esenciales: ¿Estoy listo para volar al final de la vida, al haber aceptado a Cristo como mi Salvador? ¿Estoy utilizando mis efímeros días para agradar a Aquel que me ama eternamente?

¿Cómo estás enfrentando —sea cual sea tu edad— los desafíos que te presenta la brevedad de la vida?

Reflexión: No puedes controlar la duración de tu vida, pero sí su profundidad.

jueves, 16 de junio de 2011

La Mota



Lectura: Mateo 7:1-6.

"¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?" Lucas 6:41

Era sólo una mota, un pequeño objeto volador extraño que volaba por el aire un día ventoso mientras yo cortaba el césped. De algún modo, esa mota se metió en mi ojo izquierdo.

Durante algunas horas, aquella motita me causó bastante irritación en ese ojo. Traté de sacarla con agua. Mi esposa Sue, que es enfermera, también intentó hacerlo con todo lo que se le ocurrió. Al final, fuimos a un centro médico de emergencia donde el personal de guardia tampoco la pudo sacar. Sólo después de aplicar un ungüento y de una molesta espera durante varias horas más, sentí alivio del efecto de esa mota.

Esta pequeña y persistente irritación me trajo de nuevo a la mente la enseñanza de Jesús en Mateo 7 sobre criticar a los demás. Al pensar en ello, lo primero que me impactó fue la practicidad de la ilustración del Señor. Empleando la herramienta literaria de la hipérbole, o exageración, les explicó a sus oyentes sobre lo necio que es que una persona critique a otra sin ver que también es culpable de cometer errores. Si puedes encontrar una pequeña mota en el ojo de otra persona mientras ignoras el trozo de madera que hay en el tuyo, algo anda mal. Es inconcebible que pasemos por alto nuestras propias faltas mientras señalamos las de otras personas.

Una actitud de santurrón es inaceptable en la vida cristiana. Esto se ve claramente.

Reflexión: Inspecciona tu propia vida antes de ver motas en los demás.

Fuente: Nuestro Pan Diario

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miércoles, 8 de junio de 2011

Dame Una Mano



Lectura: Salmo 139:7-12.

"Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido" Salmo 119:173

Hace poco, estaba pescando con unos amigos y me metí en una corriente de agua que era demasiado fuerte para mis viejas piernas. No tendría que haberlo hecho, ya que es bien sabido que uno no puede meterse en corrientes de las cuales no puede salir.

Sentí esa sensación de pánico que uno experimenta cuando se da cuenta de que está en un grave problema. Un paso más, y sería arrastrado por el agua.

Hice lo único que se me ocurrió: le grité a un amigo que estaba cerca, que es más joven y más fuerte que yo. «¡Oye, Pedro! —exclamé—, ¡por favor, dame una mano!». Mi amigo caminó por la corriente, extendió su mano fornida y tiró hasta llevarme adonde el agua estaba tranquila.

Unos días después, mientras leía el Salmo 119, me encontré con el versículo 173: «Esté tu mano pronta para socorrerme». Entonces, pensé en aquel día en el medio de la corriente de agua y en otros en que me «metí» en situaciones difíciles, sobreestimando mis débiles capacidades y poniendo en peligro a mis seres queridos y a mí. Quizá hoy te encuentres en una situación similar.

Hay ayuda cerca, un Amigo que es mucho más fuerte que tú y que yo; uno cuya mano puede asirnos (Salmo 139:10). El salmista también dice acerca de Él: «Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra» (89:13). Puedes clamar a Dios: «¡Dame una mano!», y Él se te acercará de inmediato.

Reflexión: Cuando nos golpea la adversidad, Dios está listo para fortalecernos.

Fuente: nuestropandiario

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